[...] si el adversario nos domina y nosotros lo menospreciamos, no podemos dejar de reconocer que estamos dominados por alguien a quien consideramos inferior. Pero entonces, se pregunta Gramsci, ¿como consiguió dominarnos? ¿como nos venció siempre y fue superior, aun en el momento decisivo que debía dar la medida de nuestra superioridad? Se dirá entonces que fue el diablo el que metió la cola. Pues bien, es hora ya de tener "la cola del diablo" de nuestro lado.
José M. Aricó